Los cuentos de hadas de Oscar Wilde también son para adultos: en «El gigante egoísta» y «El ruiseñor y la rosa» hay un gigante, un jardín y pájaros que hablan, pero también egoísmo, sacrificio y amor no correspondido. Junto a ellos están «El traje nuevo del emperador» de Andersen y «El último de los dragones» de E. Nesbit, con una princesa que prefiere luchar ella misma y un dragón que no quiere pelear. El lenguaje de los cuentos de hadas es sencillo y repetitivo, y por eso son una gran primera lectura en inglés, sobre todo en A2. Andersen escribió en danés: su cuento está aquí en traducción inglesa.
The Selfish GiantEl gigante egoístaEl gigante tiene un jardín como no hay otro: hierba suave, flores como estrellas, doce durazneros y pájaros que cantan tan bien que los niños, al salir de la escuela, dejan de jugar para escucharlos. Pero un día el dueño vuelve tras siete años de ausencia, echa a los niños y levanta alrededor del jardín un muro alto con un cartel. Y entonces la primavera deja de llegar a su jardín.
The Emperor's New ClothesEl traje nuevo del emperadorEl emperador gasta todo su dinero en ropa. Dos pícaros se hacen pasar por tejedores y prometen una tela invisible para cualquiera que sea tonto o no esté a la altura de su cargo. El emperador envía a ver el trabajo al más sensato de sus ministros, y este se acerca a los telares.
The Nightingale and the RoseEl ruiseñor y la rosaLa hija del profesor le prometió a un estudiante bailar con él si le traía rosas rojas. Pero en todo su jardín no hay ni una rosa roja. Un ruiseñor que noche tras noche le cantaba al amor verdadero oye su llanto y decide que por fin lo ha encontrado. Una rosa roja se puede conseguir: el rosal conoce la manera, pero esa manera es tan terrible que no se atreve a decirla.
The Last of the DragonsEl último de los dragonesAntes los dragones estaban por todas partes, casi tan comunes como los autobuses, pero los príncipes acabaron con ellos, y el último que queda vive en las cuevas de Cornualles. La princesa de Cornualles cumple dieciséis años: toca atarla a una roca y esperar al príncipe que la salve. Solo que ella maneja la espada mejor que todos los príncipes que conoce, y el príncipe que le asignaron sabe más de matemáticas que de espadas. Un cuento divertido de Edith Nesbit en el que nadie quiere cumplir su papel. ¿Quién salvará a quién?